Según se aproximaba la Eurocopa los medios comentaban los preparativos que las fuerzas de seguridad francesas llevaban a cabo. La amenaza era, y aún es, el terrible terrorismo islámico que en los últimos tiempos nos está horrorizando a los europeos. Ahora que ya estamos en plena competición, esta afortunadamente ha pasado a segundo plano. El protagonismo, sin embargo, lo está tomando la violencia de los “hooligans”.
Lo sorprendente, al menos para mí es que en esta ocasión la violencia de los disturbios está siendo de una intensidad poco frecuente. Grandes grupos de personas toman las calles de las ciudades francesas para entablar una batalla campal. Y efectivamente las imágenes que nos llegan son más propias de la guerra, recuerdan a dos ejércitos enfrentados. Creo que fue Stefan Zweig o tal vez Thomas Mann, quien dijo horrorizado por las consecuencias de la gran guerra que las naciones debían encontrar un sustituto de las guerras que pudiera canalizar lo que parece que es una oscura necesidad de los seres humanos.
Y las imágenes que todos estamos viendo me han hecho cuestionarme sobre esta necesidad interna, que es evidente algunos sienten: la necesidad de dar rienda suelta a los impulsos más atávicos. Parece que forma parte de la fiesta para algunos. Fútbol, turismo, alcohol… y violencia, ¡qué más se puede pedir! Así parecen pensar algunos.
Los sucesos de la Eurocopa me han hecho recordar uno de los más famosos ensayos de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, obra titulada: “El malestar en la cultura”. En esta obra Freud señala el perpetuo conflicto que se libra en el alma del hombre civilizado. De un lado están las pulsiones, las pasiones del alma, los deseos que emergen de lo más profundo, que claman por satisfacerse y que de forma directa o indirecta nos mueven a la acción. De la otra, se encuentran las exigencias de la cultura, de la vida social, de la ley del estado, de la moral y de todo aquello que hace la civilización. Estás fuerzan al ser humano a postergar sus necesidades, a frustrarlas o a buscar una satisfacción para ellas que no pase por la vía directa. Ocurre con la violencia y la sexualidad por ejemplo, que el ser humano moderno debe de buscar satisfacer por otras vías que no son la expresión directa o encontrar el momento adecuado para ellas (como en la intimidad).
La sublimación es el mecanismo psíquico por el cual a las pulsiones se les da una satisfacción más elevada, más bella y socialmente mejor aceptada. Los juegos, el arte o el humor son formas de dar salida y expresión a estas pasiones. Por ejemplo, el deporte es una forma de dar cauce a la rivalidad, a la frustración cotidiana o a la violencia que albergamos cada uno de nosotros. A la vista está, lamentablemente de que en la Eurocopa actual este paso a la sublimación no ha sido suficiente para muchos.
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