En esta ocasión me gustaría llamar la atención brevemente sobre uno de los mecanismos psíquicos muy habituales en la depresión, aunque también es muy habitual verlo en tantos otros trastornos y dificultades emocionales. Se trata de ese mecanismo mediante el cual un enfado lícito y perfectamente comprensible causado por alguno de tantos avatares de la vida es vuelto contra uno mismo en vez de orientarlo hacia la persona o situación causante del mismo. Es como si la persona se dijera: “No es justo culpar a fulano de mi enfado a pesar de que me parezca que él tiene la culpa, si no que soy yo el verdadero responsable de su falta”.
Los motivos por los cuales no nos permitimos volcar ese enfado hacia donde corresponde pueden ser de muchos tipos diferentes. No incluyo dentro de estos motivos el temor normal que muchas veces sentimos al enfrentamiento ya que este es frecuente y a veces necesario ya que en muchas ocasiones evitar un confrontamiento es la forma más inteligente de ahorrarse dificultades añadidas. Además el no sentirnos en situación de expresar el enfado en un momento determinado no supone que lo tengamos que volcar sobre nosotros mismos. En este caso me estoy refiriendo a un mecanismo inconsciente que lleva a aquel que se enfada por algo y que no llega a hacerse consciente del mismo a volcar su hostilidad contra sí mismo, por ejemplo ahogando una correcta percepción del verdadero culpable y problema.
Muchas veces esta tendencia se apuntala sobre un estilo de personalidad culposo, es decir, tendente a los sentimientos de culpa que puede incluso encontrar en esta tendencia una satisfacción de identidad. Un ejemplo de esto sería la persona que encuentra satisfacción en considerarse moralmente más sensible y atenta a las necesidades de los demás.
En otras ocasiones la persona con la tendencia que estamos describiendo puede desarrollar una dificultad para pensar y analizar los elementos que componen la situación y que precisamente le facilitarían el tomar conciencia de lo injusto de la situación que esta viviendo. Es como si se diera una especie de inhibición intelectual o de pereza intelectual que le dificultara extraordinariamente el plantearse la situación. Esta inhibición intelectual no tiene nada que ver con una escasa capacidad intelectual, al contrario puede darse incluso en personas de una alta inteligencia.
Esta tendencia a volcar sobre una mismo la agresividad constituye una seria amenaza a la autoestima y es en sí misma una reproducción de la primera agresión de la que hemos sido víctima. En ocasiones se constituye en un mecanismo retraumatizante que puede resultar difícil y costoso desarticular.
Se trata de una tendencia que como todas las tendencias aprendidas desde muy temprano en nuestra vida es inconsciente y que nos puede llevar a sentirnos inadecuados, culposos o torpes en tantas situaciones de la vida. Muchas veces este mecanismo puede verse facilitado en la cercanía de personas cuya tendencia más bien sería la opuesta, es decir, aquellos que incapaces de tolerar ninguna frustración o responsabilidad de sus actos viven señalando con el dedo los supuestos defectos de los demás.
Los mecanismo psíquicos son siempre tendencias aprendidas muy tempranamente en nuestra experiencia emocional y que precisamente por eso creemos en ocasiones que no somos capaces de modificar porque, “Yo soy así”. Precisamente por esto, a mi me gusta recordar que estos mecanismos son producto de nuestra actividad y que aunque sea inconsciente, repetitiva y automática no significa que no podamos corregir y cambiar. ¿ En qué consiste la vida si no en aprender y cambiar constantemente?
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