PROCESO ADOLESCENTE, PROCESO VITAL.

PROCESO ADOLESCENTE, PROCESO VITAL.

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John Dewey afirmaba: “El presente no es solo algo que viene después del pasado… Es aquello que la vida es cuando deja el pasado atrás”. Es decir, para poderse abrir al presente, para poderse abrir a lo nuevo y para que este no se convierta en una mera repetición de lo que se vivió en un pasado, uno tiene que poderse liberar de la carga que el pasado tiene en nuestra mente. Cuando enfermamos, lo hacemos siempre porque de alguna forma los “recuerdos” de nuestro pasado se apoderan de nuestros sentimientos y acciones. Poder vivir de forma creativa y libre supone podernos liberar de la carga de nuestras experiencias pasadas.

Y en en estas estamos todos, sea cual sea la etapa del ciclo vital en la que nos encontremos. Sea cual sea nuestra edad. Si el mayor placer que se puede experimentar en la vida es, sobre todos los demás, el de ser nosotros mismos, este placer solo podrá ser conquistado en la medida en que podamos vencer los condicionantes internos que nos impulsan a repetir y repetir determinadas situaciones y funcionamientos internos que marcan nuestro futuro como si de un destino se tratara. Madurar, en este sentido, supone que podamos establecer nuestros propios criterios sobre lo que esta bien y mal o sobre lo que es deseable, partiendo de lo que se nos ha transmitido pero haciéndolo nuestro o desechándolo en función de nuestras elecciones vitales.

Peter Blos, el célebre psicólogo de la adolescencia, hablaba del segundo proceso de individuación que se da en la adolescencia como un momento clave para el futuro del carácter en formación. Describía las dificultades, contradicciones y paradojas de este momento de la vida, así como de los peligros psíquicos que se atraviesan en este periodo.

La regresión es uno de estos procesos. No se trataría de una regresión en el sentido patológico que se le da al término por lo general, sino de una regresión que haría posible un movimiento hacia la maduración, hacia la individuación y hacia el abandono de modalidades relacionales más propias de la infancia. En la adolescencia se da una regresión en la que se reviven los estilos relacionales y funcionamientos mentales de la “prehistoria” infantil del sujeto. De alguna forma esta regresión hace posible que se actúen estas experiencias relacionales guardadas en el inconsciente, lo que le posibilitará una paulatina elaboración de sus fantasmas y acontecimientos traumáticos. Este revivir de sus fantasmas internos será precisamente lo que le abrirá la posibilidad de dejar atrás un funcionamiento más infantil.

La maduración implica que el adolescente asuma una mayor responsabilidad por lo que es y por lo que hace, en lugar de depositarla sobre aquellos bajo cuya influencia ha crecido, es decir sus padres. La maduración implica un distanciamiento, no geográfico ni físico, sino interno y psicológico de sus padres.

Este distanciamiento esta plagado de dificultades, como lo pueden ser los sentimientos de culpa por sentir internamente que se abandona o traiciona a los padres, o como lo son también los sentimientos de inseguridad porque habiendo depositado sobre estas autoridades todos los criterios sobre lo que esta bien o mal, se duda de que él mismo vaya a poder hacer bien las cosas.

El adolescente también debe abandonar un estilo relacional propio de la infancia, basado en la pasividad, que resulta todo un duelo a ir elaborando y al que se resistirá con todas sus fuerzas. En muchas ocasiones esta contradicción del adolescente confunde a los adultos, ya que este puede pasar de montar en cólera por sentir que su autonomía es amenazada y exigir un trato adulto a berrinches casi infantiles porque se le frustra un capricho o se siente abandonado por dejarle hacer sus elecciones.

En esos momentos el paso a la acción suele ser habitual, ya sea esta un acto violento o impulsivo de muchos tipos, incluido el acto delictivo, las drogas etc. Hay que tener en cuenta que a esta edad la capacidades simbólicas no están muy establecidas y por tanto la tendencia a poner en juego la acción y el cuerpo se hace indispensable. A pesar de que pueda asustar a los adultos, en parte la tendencia a la acción puede entenderse también como una forma de salir de la pasividad infantil que esta tratando de abandonar.

Ahí donde los niños tienen a sus padres colocados en un altar, como aquellas figuras omnipotentes que no se equivocan nunca, deben de ir haciendo el proceso de interiorizar y hacer propios esos mismos criterios de lo que esta bien y mal. Esto en sí mismo ya es todo un acto de rebeldía. Durante la infancia bastaba con mirar de reojo a sus padres para comprobar el gesto de aprobación o disgusto de sus mayores. Cuando los padres aprobaban con la mirada esto era suficiente para que el niño se sintiera el mejor, un ser especial capaz de conseguirlo todo en la vida.

Es habitual en la adolescencia el que la autoridad que anteriormente se había depositado en los padres, sea volcada sobre el grupo de pares o sobre determinadas figuras que pasan a recibir una idealización fuera de lo común. Me estoy refiriendo al fenómeno “fan” por ejemplo, o al tema de los posters de los cantantes o actores en las paredes de las habitaciones. En estos casos es como si toda la omnipotencia y la idealidad que con anterioridad se hubiese colocado en los padres se transfiriera a nuevas figuras.

En otras ocasiones podemos ver cómo los adolescentes pasan de una exagerada dependencia y admiración a la autoridad de los padres a una total admiración al grupo de pares. Piénsese por ejemplo en el caso de los grupos de adolescentes en los que visten todos igual.

Por lo resumido en estas lineas quería destacar que durante la adolescencia, mediante lo que se ha venido en llamar el segundo proceso de individuación, el adolescente consolida determinadas funciones e instancias psíquicas que harán posible una mayor autonomía y un funcionamiento adulto y que este tránsito de la adolescencia será el que le abrirá al mundo del trabajo y la pareja, así como a que pueda tomar sus propias decisiones y en definitiva al placer de ser él mismo.

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