Cuando se habla de melancolía no se quiere dar a entender un trastorno psicopatológico en concreto ni un síndrome o serie de síntomas cuya presencia o ausencia marcarían la existencia de una etiqueta diagnóstica. Antes bien, se quiere dar a entender una determinada estructura o funcionamiento psíquico que puede darse en muy diferentes estructuras de personalidad, síndromes o trastornos.
Es común en la psicopatología psiquiátrica que la presencia de un determinado trastorno se diagnostique, como decía, por la presencia de determinados síntomas. En psicoterapia no obstante, el diagnóstico se realiza en función del funcionamiento de la mente.
Por ejemplo, para la realización de un diagnóstico se tienen en cuenta las instancias intrapsíquicas entre las cuales se encuentra el conflicto psíquico; como por ejemplo, si el conflicto se da con un superyó (la instancia moral del psiquismo) que es excesivamente severo, o se tiene en cuenta la capacidad de simbolización, es decir la capacidad del sujeto para tomar contacto con sus propios procesos internos.
En el diagnóstico propio de la psicoterapia también se tiene en cuenta la naturaleza de las angustias en juego; por ejemplo, si se trata de angustias de separación o esas angustias son de naturaleza claustrofóbica. También es muy importante que se pueda determinar cuáles son los mecanismos de defensa implicados como lo pueden ser la proyección o la escisión, etc.
En definitiva en un diagnóstico psicoterapéutico se trata de determinar cuál es el conflicto interno que lleva al psiquismo a hacer determinados síntomas y cómo se entienden estos síntomas dentro de la estructura general de la persona y su situación vital.
Hecha esta matización me dispongo a realizar una breve descripción fenomenológica de la melancolía como síndrome antes de que en posteriores artículos pase a describir el funcionamiento interno y los mecanismos propios de la misma.
A grandes rasgos la melancolía viene dada por una autoestima muy empobrecida o sentimientos de inferioridad (como sentir que se es tonto, feo o incapaz) y por unos intensos sentimientos de culpa (sentirse habitado tan solo por aspectos malignos) que pueden incluso alcanzar niveles delirantes.
En la tradición psiquiátrica la melancolía se ha solido vincular con lo que Séglas llamó síndrome de Cotard, en la que el enfermo llevaba la disposición negativa al más alto grado, incluyendo los delirios de negación como es el sentimiento de indignidad, posesión demoníaca e incluso la convicción de que al enfermo le faltaba algún órgano. Este delirio podía incluso tomar la forma de creer que no se puede morir o tener la convicción de que ya se está muerto.
En estos pacientes melancólicos es habitual una dependencia muy pronunciada del objeto, como si ellos por sí solos no pudieran soportar la carga de su propia existencia. Necesitan de una constante presencia de alguien del cual no se pueden separar. En muchas ocasiones los episodios o crisis melancólica viene dada por la pérdida de una persona, ideal, trabajo etc, en la cual habían depositado sus propios ideales. El problema por tanto estaba establecido antes de esta pérdida en la forma particular de vincularse con estos objetos, como un intento de poder establecer un equilibrio interno que antes de la crisis ya era precario.
La melancolía por lo descrito arriba, está muy relacionada por tanto con las depresiones. Aunque se trataría de depresiones de una extrema severidad en las que la posibilidad de suicidio siempre flota en el ambiente.
En la melancolía en ocasiones, puede encontrarse también aspectos de la personalidad con un funcionamiento sexual perverso. En ocasiones se pueden encontrar prácticas sexuales de tipo sado-masoquista que viene muy al hilo también de lo que hemos mencionado sobre la extrema dependencia en el vínculo con el objeto, así como con la culpa, que suele requerir de un castigo actuado en la relación con el otro.
La ambivalencia en las relaciones es muy difícil que llegue a alcanzar expresión, en este sentido las personas melancólicas padecen de una gran dificultad para dar expresión a emociones como la rabia y el enfado que tienden a volcar sobre sí mismas en forma de autorreproches y sentimientos de culpabilidad.
También puede encontrarse un funcionamiento melancólico de base en algunas adicciones a sustancias o a deportes de riesgo, así como en algunos trastornos psicosomáticos en lo que algunos autores han dado en llamar melancolías fracasadas en su estructuración. En estas, a pesar de faltar las manifestaciones sintomáticas tradicionales podría considerarse la presencia de una melancolía de fondo.
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